Fragmento del Capítulo III Parte II


–Bien, Juan, me alegro de que participes. Todos podemos dar nuestra opinión sobre lo que los demás cuentan de sus vidas, pero hay otra parte que es tan terapéutica o más que eso, y es hablar de uno mismo.
Por un momento Juan dudó sobre cómo contestar. Él hubiera preferido seguir argumentando sobre el caso de Natalia.
–Bueno, no sé. Ayer ya conté más o menos cual es mi situación y por qué he venido aquí. No voy a repetirme…
–No hablo de que nos cuentes tu situación, Juan. Se trata de que contestes a la pregunta de quién eres tú –insistió el Dr. Vázquez.
–¿Quién soy yo? Bueno, no es una pregunta fácil. Yo creo que soy una persona más o menos normal, con mis virtudes y con mis defectos…
Juan empezó a improvisar tratando de comenzar con aparente humildad, pero sintiendo ya la presión de la necesidad de elaborar un buen discurso.
–Espera, Juan. El ejercicio no es que nos digas cómo crees tú que eres. Permítenos que eso lo decidamos nosotros. Se trata de que nos cuentes la realidad ¿Quién eres? ¿Quién es Juan? 
Las palabras del médico detuvieron con violencia el tren de pensamiento que ya se había puesto en marcha en el cerebro de Juan.
–No entiendo, doctor –titubeó.
–Es fácil, todos tus compañeros ya lo han hecho. Se trata de decir: «Me llamo Juan, nací el tantos del tantos en tal sitio, mis padres se llaman…». Se trata de contar tu historia. Cada uno de nosotros es sencillamente su historia, lo demás son simplemente opiniones, nuestras o ajenas.
Juan se derrumbó sobre sí mismo al sentir que no había sido capaz de anticipar una respuesta tan naif y tan lógica.
–¿Mi biografía?
–Sí, tu biografía. Tu historia, Juan, ni más ni menos. Vamos. Me llamo…
–Me llamo Juan Fernández y nací el 23 de noviembre de 1965 –comenzó a contar, tras respirar hondo y sentir que no controlaba lo que iba a decir–Mis padres se llamaban Juan y Elisa, y ya murieron. De mis primeros seis años de vida no recuerdo nada –se detuvo un momento, sintiéndose atrapado por su propia frase– No tengo historia de mis primeros seis años.
A continuación, se quedó en silencio durante varios segundos que se le hicieron minutos, inmóvil, mirando a ninguna parte, sin encontrar palabras para continuar y sin sentir tampoco emoción alguna.
–No estoy preparado para hacer esto, no sé hacer esto ahora, doctor –concluyó, bajando la cabeza hasta mirar solo a sus rodillas.

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