Fragmento del Capítulo VI Parte II


Mercedes acababa de poner, con un grito, el límite del paseo a Juan, justo en la mitad de la playa, donde un recodo hubiera servido para que ella le perdiera de vista desde su posición si él lo cruzaba. Juan obedeció y dio la vuelta para dirigirse de nuevo al extremo este. Así completó tres o cuatro recorridos por la orilla haciendo lo que se había dicho a sí mismo que iba a hacer, pasear en solitario por la playa, pero, a diferencia de su plan, no ocurrió nada, salvo que Andrew, de repente, salió corriendo de la cubierta y, rodeado de la lluvia, se lanzó hacia el mar como un poseso, saltando con sus largas piernas por encima de las primeras olas hasta que, de un gran brinco, se arrojó al agua, surgiendo al poco con las bermudas medio caídas y con su aspecto de niño grande empapado. Todos corearon el atrevimiento del alemán y él, lejos de volver, se adentró aún más en el agua. Juan se dirigió entonces donde se encontraba el grupo. Llovía con más fuerza aún y el mar parecía más agitado. Desde su nueva posición, Juan sintió que Andrew estaba cruzando el límite

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