Fragmento del Capítulo I, Parte I


 

Tras dos días sin interrupción, ahora eran las once de la mañana del jueves 27 de octubre del 2011 en aquella habitación de hotel a las afueras del pueblo, el hotel más próximo al prostíbulo donde Juan acostumbraba a iniciar el ritual de sus aquelarres. También esta vez, Juan se había hecho acom­pañar por Carla. Así se hacía llamar la prostituta rumana de 25 años, veinte menos que él, de aspecto atractivo y normal, pero solo de lejos.

Después de varios meses frecuentándose, entre ellos se ha­bía creado la imprescindible complicidad para que ya no fuera necesario ni siquiera mencionar lo que iba a ocurrir; única forma cómoda de realizar peligrosas locuras en compañía, sin hablar, simplemente ocurría. Lo que no era necesario expli­citar incluía que ella debía siempre proveer la droga para la ocasión. En la preparación telefónica de cada cita, Juan no tar­daba en elegir un número, el correspondiente a los gramos de cocaína que consideraba que quería consumir. Esta vez había elegido el número seis.

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