Fragmento del Capítulo I, Parte II


Transcurrieron varios minutos hasta que, por fin, se sintió movimiento en el interior y la puerta de cristal se desplazó automáticamente, haciendo sonar el mecanismo que la arrastraba. Entonces apareció tras ella una mujer de mediana edad vestida de enfermera, que se apresuró a abrir la negra reja metálica exterior. Al sentir el movimiento, Juan se cogió del brazo de Maite.

– Buenas tardes. Veo que han llegado bien. Les están esperando para el ingreso – la mujer les instó a pasar al interior con una voz nada dulce.
– Bueno, en realidad, primero tenemos que ver cómo es todo. No hemos decidido nada todavía. Hay que ver primero – se defendió Juan nervioso ante la aparente inminencia de su ingreso, que le hizo sentirse muy incómodo.
– Claro, Juan. A eso hemos venido, a conocer este sitio, antes de decidir nada – dijo Maite, conciliadora, tratando de tranquilizarle.
– Sí. Primero les enseñarán el centro y les explicarán los detalles. Ahora vendrá la psicóloga que está de guardia hoy. Pasen por aquí, por favor.

La mujer esperó a que franquearan la puerta para cerrar de nuevo la verja con llave. Era evidente que de aquel lugar no se podía salir sin que alguien abriera esa reja. La puerta de cristal se cerró también tras ellos.

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