Fragmento del Capítulo IX, Parte II


–Quizás nunca estés seguro, Juan. Quizás no se trate de eso –respondió Mailena, pareciendo estar, de nuevo, un nivel por encima de su compañero.
–¿Entonces de qué se trata?
–Se trata de cambiar profundamente en tu interior, pero, para poder cambiar, primero tienes que conocerte a la perfección, conocer tu verdad y tu mentira, y eso es lo más difícil, sobre todo porque no se hace con la cabeza, se hace con el corazón.

La joven ahora se había girado hacia el mar apoyando sus manos sobre la barandilla. Juan hizo lo mismo, acercándose hasta sentir su brazo pegado al de ella.

–Gracias, Mailena.
–¿Gracias por qué?
–Por decidir estar aquí, a mi lado.

Juan movió su cabeza ligeramente hasta que su boca encontró la mejilla de la muchacha. Durante bastante más tiempo que en un simple beso, Juan se permitió sentir a través de sus labios la suavidad de aquella piel tibia. Mientras, Mailena siguió contemplando el horizonte sin necesidad de moverse hasta que él se separó despacio.

–Alter ego, ¿no? –dijo entonces ella con una sonrisa.
–Sí, alter ego –respondió Juan, sonriendo también al horizonte del mar.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *